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Vivir, trabajar y entrenar en la montaña.

31 mar 2021
4 min de lectura

Por Joel Evans

Desde que me mudé a Chamonix en 2011, he estado buscando una forma de aprovechar al máximo el tiempo que paso en la montaña, y después de casi 9 años creo que por fin lo he conseguido.

Escribo esto tras haber coronado más de 1000 m en unas escaleras. Cuando entrenaba, acabé por abandonarme a la imaginación porque aquí, en Francia, estamos en un estado de confinamiento severo debido a la reciente pandemia de la COVID-19. Cuando supe que solo podríamos alejarnos a 1 km de nuestras casas como máximo, entendí que debía encontrar la manera de mantener fuertes las piernas, sobre todo, al no saber cuándo se relajarían las restricciones. Me bastó con 2,67 m de desnivel vertical en 16 escalones, un buen podcast y repetirlo 375 veces para dar con mi propio Kilómetro Vertical.

En cualquier caso, ¡ya está bien de hablar del virus! Seguro que ya has tenido suficiente y buscas algo con lo que distraerte. Por eso me gustaría compartir contigo mi camino para pasar de ser esquiador con un trabajo estacional a profesional de la montaña a tiempo completo.

Me mudé a Chamonix en 2011, cuando era un ávido snowboarder que quería practicar todo lo que fuera posible. Mi hermano era conductor y su horario de trabajo le dejaba bastante tiempo libre para dedicarlo a la montaña. Me gustaba la idea de tener una ocupación de este tipo después de estar trabajando en un bar cuando estaba en la universidad. Sabía que trabajar hasta tarde por la noche no era muy compatible con la idea de llegar a la pista por la mañana temprano. Así que, tras mandar correos a todas las empresas de transporte del valle, conseguí que me ofrecieran un trabajo a partir de diciembre. Encontré alojamiento gracias a un grupo de Facebook de Chamonix y me dispuse a hacer las maletas para sumergirme en mi primera temporada invernal. Mi puesto en la empresa de transporte de pasajeros desde el aeropuerto me permitía subir a la montaña al menos 3 días a la semana. No me malinterpretes, es más que suficiente, pero con los años he desarrollado una verdadera pasión por la montaña y pronto encontré la forma de pasar más tiempo en ella. Solía elegir el último turno en la oficina, de forma que podía recorrer más de 1000 m con el perro por las pistas de travesía antes de trabajar, o hacer un rápido recorrido con los esquís antes de volver a la silla de la oficina y cumplir con mi sedentario turno de 8 horas, mientras se me cerraban los ojos tras una mañana de lo más agotadora. A medida que crecía mi amor por la montaña también lo hacía mi ambición. Me atraía el parecido entre el alpinismo más rápido y ligero, y el esquí de montañismo, así que, de repente, me vi pasando días y días en la montaña, subiendo a grandes cimas en un único impulso desde el parking, llegando a la cumbre y de vuelta.Cuando acabó el verano de 2017, en el que culminé el Mont Blanc, el Matterhorn y el Gran Paradiso, todos también “del tirón”, me di cuenta de que debía trabajar al aire libre. Y la idea de hacer de la montaña mi oficina particular era factible.

Al no ser un escalador y sin querer convertir mi pasión por el esquí en una profesión, di con el programa International Mountain Leader de la UIMLA. Se trata de una certificación que permite ser guía sobre el terreno, sin tener que visitar los glaciares y evitando el uso de cuerdas. Eso de pasar cada día en la montaña sin el estrés que implican los entornos alpinos más altos sonaba maravillosamente bien.

Tras estudiar a fondo la certificación, me di cuenta de que ya tenía los prerrequisitos necesarios, así que me apunté al primer curso en Escocia. Esta formación y la certificación consistían en 2 semanas de cursos y 2 semanas de exámenes en un mínimo de 18 meses, a lo que se le sumaba más aprendizaje y práctica. Mi primer curso fue en Escocia, en noviembre de 2017, y para enero de 2019 ya había completado la certificación y me había convertido en guía UIMLA.

Poco después de terminar mi formación, empecé a trabajar. Aún era invierno, así que las opciones se limitaban a andar con raquetas de nieve. Siendo sincero, no suelo practicar este tipo de deporte por diversión, ya que prefiero los esquís. Pero la posibilidad de trabajar al aire libre y practicar en la nieve con gente nueva e interesante acabó por ser mucho más enriquecedor y agradable que estar sentado en la oficina.

Llegó el invierno 18/19, me lancé y conseguí mi objetivo de escalar los 100 000 m con esquís para mediados de abril. En mis anteriores trabajos en Chamonix casi nunca trabajaba en mayo, lo cual me daba tiempo de disfrutar mi mes favorito del año. La primavera en los Alpes es muy especial. Poder esquiar con nieve en polvo a 4000 m, correr por la tarde o hacer una barbacoa en el valle son algunas de las cosas que más se disfrutan.

Llegó la primavera y me di cuenta rápidamente de que en verano iba a estar bastante atareado entre las excursiones de senderismo y running. Era el momento de dejar a un lado los esquís y centrarme en aquello para lo que me había formado. Dicho esto, gracias a los esquís he vivido muchas aventuras este invierno, desde escalar más de 110 000 m hasta esquiar algunos clásicos nuevos y empinados en el macizo del Mont Blanc, además de la Haute Route (Chamonix-Zermatt en dos días).

Durante mi primer verano como guía, conocí y guié a más de 150 clientes, y caminé y corrí por tres países: Francia, Italia y Suiza. Hice el famoso Tour du Mont Blanc media docena de veces y caminé y corrí por los 185 km y 12 000 m aproximadamente de la Haute Route dos veces. Para finales de septiembre, tras haber caminado unos 2000 km y recorrido 50 000 m de altitud, sentí que era el momento de bajar el ritmo y disfrutar del otoño.

Pero el otoño es una estación bastante tranquila en el valle de Chamonix. Los turistas se van, el trabajo escasea y las montañas y senderos están vacíos. Como ocurre en primavera, es el momento de recoger los frutos del entrenamiento y de la resistencia acumulada derivada del fitness que he ido ganando los últimos meses. De volver a esas largas jornadas de escalada alpina y zancadas con peso por la colina para prepararme para otro invierno de esquí y raquetas de nieve. ¡El ciclo no se detiene!

Sigue a Joel en Instagram @joelevans

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