Andreu Blanes: cuando el cuerpo no sigue el guion
Foto: @goldentrailseries / @koastalforest
¿Qué haces cuando no sale como esperabas?
Hay carreras que empiezan mucho antes de que den la salida. Empiezan en los entrenamientos que nadie ve. En los madrugones. En las series. En las horas acumuladas cuando todavía faltan meses. En todas esas veces que imaginas cómo será cruzar la meta y, sin darte cuenta, empiezas a construir una expectativa. Y luego llega el día: Sierre-Zinal.
Una de las carreras más importantes del mundo. Una prueba que reúne a todo tipo de atletas. Fondistas o velocistas de asfalto, escaladores, bajadores, gente de ultra, gente de medias maratones… Kilómetros que han visto pasar a algunos de los mejores corredores de montaña de la historia.
Y allí estaba Andreu Blanes. Con una camiseta de Salomon por primera vez. Había imaginado ese momento muchas veces. Probablemente también había imaginado cómo quería que terminara. Pero las carreras tienen una extraña costumbre: no siempre respetan el guion. El resultado no fue el que esperaba. Y quizá ahí es donde empieza la parte más interesante de la historia.
Porque es fácil hablar de un corredor cuando gana. Cuando todo encaja. Cuando el crono confirma lo que habías venido a buscar. Cuando la fotografía de meta parece la última página perfecta de una historia que empezó meses atrás.
Es más difícil hablar cuando no sale. Cuando toca aceptar que, por mucho que hayas entrenado, por mucho que hayas preparado cada detalle y por mucho que quieras que funcione, hay días en los que simplemente el cuerpo no lo hace. Sin explicaciones. Como cuando un amigo te traiciona. Es complicado hablar de cuando vuelves a casa sin la recompensa que esperabas. Cuando tienes que convivir durante unas horas con esa sensación incómoda de que quizá todo el trabajo de los últimos meses no ha servido para nada.
Pero no. Porque una carrera no borra los meses anteriores. No borra los entrenamientos. No borra las mañanas de frío, las series en días de lluvia , las horas de montaña con un calor abrasante ni todos esos días en los que nadie estaba mirando. Tampoco borra al corredor que eras antes de cruzar aquella meta.
Andreu terminó Sierre-Zinal sin el resultado que había venido a buscar. Pero cruzó la meta. Y eso también forma parte de ser corredor. Porque quizá competir no consiste solamente en aprender a ganar. También consiste en aprender qué hacer cuando no ganas. Volver a analizar. Entender. Preguntarse qué ha pasado. Aceptarlo. Y, sobre todo, volver a entrenar.
La derrota —si queremos llamarla así— tiene algo que la victoria no puede enseñarte: te obliga a mirarte sin el resultado como escudo. Te enseñan a perder sin convertirte en un perdedor. A aceptar un resultado sin excusas y sin dejar que un número decida quién eres. A entender que el nivel de un corredor no se mide únicamente por el día en el que todo sale bien, sino también por lo que hace cuando no sale. Porque hay quién valora más la forma en cómo te levantas de un mal resultado a una victoria.
Y quizá dentro de unos años, cuando eche la vista atrás y recuerde su debut con Salomon, no recuerde tanto el puesto que hizo aquel día. Quizá recuerde que fue la primera página de una historia que todavía tiene muchas por escribir.
Porque un debut no tiene por qué ser una presentación perfecta. A veces simplemente tiene que ser el principio.